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El hoy desenfoca el ayer, el mañana desenfoca el hoy, dice el artista Colombiano Óscar Muñoz. Dentro de una sucesión de eventos similares los detalles se difuminan, levantarse, bañarse, vestirse, recitar la rutina, repetir acciones que se convierten en una bruma. Pensando en el contexto particular de Muñoz, en épocas de terrible violencia los eventos suelen ser similares, sólo cambian la identidad de las víctimas y victimarios, así que puede terminar sucediendo lo mismo, la bruma, una masacre u otra, un secuestro u otro, la repetición hace difícil diferenciar y recordar eficazmente.

Aunque Muñoz nace en Popayán, Cali se convierte en su base, es allí donde se desarrolla como artista y como es de esperarse, la ciudad crea rastros en su memoria que aparecen de manera intermitente en su obra, el calor húmedo, la situación en las calles, el color de la luz, el sol oculto bajo nubes. De hecho Cali es protagonista de una obra que realiza en 1994, ‘Ambulatorio’, en la que tomas aéreas de la ciudad están dispuestas bajo un vidrio de seguridad, los espectadores caminan sobre las fotografías y al hacerlo el vidrio se quiebra y se crean entramados que dialogan con los entramados de la ciudad.

‘Ambulatorio’, 1994
‘Ambulatorio’, 1994
‘Narcisos’, 1994

‘Ambulatorio’ parece ser una de las excepciones en la obra de Muñoz, porque si bien el artista referencia la fotografía constantemente, rara vez esta hace parte del producto final. El curador José Roca le pone nombre a esto, habla de una Protografía en la que Muñoz se acerca a procesos fotográficos pero evita el momento en el que la imagen se fija en un soporte, lo que para Roca es el verdadero instante decisivo, la fotografía sucede cuando la imagen móvil deja de serlo y se convierte en un documento fotográfico. Para Óscar Muñoz esa estabilidad no permite reflexionar acerca la relación entre memoria e imagen, ya que los recuerdos están a merced de la dificultad humana de fijarlos como algo concreto, el olvido es inevitable, la confusión de detalles, recordar algo verde como algo azul, no reconocerse en una fotografía de la niñez, perderse entre los rostros e incluso intercambiarlos. Aunque una foto puede funcionar como retenedor de recuerdos, siempre existirá cierta inestabilidad, y es esa inestabilidad la que aparece certera en la trabajo de Muñoz.

El agua es un elemento importante para Muñoz, la misma agua del río de Heráclito, que fluye y nunca se repite. El flujo descendente y la evaporación hacen que el agua que baña las obras sea inestable, sus ‘Biografías’ (realizadas con fotos tomadas de obituarios) las traga un remolino de la tubería que desciende, en los ‘Narcisos’ un autorretrato es transferido en polvo de carbón al agua, se encuentra suspendido en un recipiente que lentamente se vacía mediante la evaporación, dejando un rastro seco de la imagen.

‘Narcisos (secos)’, 1994
‘Biografías’, 2002
‘Cortinas de Baño’, 1985-1986

‘Línea del Destino’ guarda similitudes con los ‘Narcisos’ pero el puente que las une no es sólo la presencia del agua, porque en ambas sucede que los rostros aparecen fantasmales, parte de la bruma, la que hace difícil retener el recuerdo. La imagen está a merced de una latente desmaterialización. Algo indudable es que esa latencia no es exclusiva a las obras que desaparecen o se transforman durante su creación y presentación, incluso las ‘Cortinas de Baño’ que cuentan con una aparente materialidad parecen difusas y frágiles, luego de conseguir fijar una imagen fotográfica Muñoz en un soporte no convencional, se vierte agua que desdibuja detalles y cubre el resultado final con una niebla húmeda.

Las fuentes de Muñoz al usar fotografía son representativas de sus reflexiones acerca de la memoria: fotos que pretendían ser vendidas a los sujetos pero nunca fueron compradas, retratos para obituarios en la prensa, fotos de accidentes sangrientos y escenas del crimen. En línea con Roland Barthes puede nombrarse la fotografía como huella testimonial y pensar la crisis que sucede cuando el referente, aquí el sujeto retratado, ya no está. La foto se convierte en reemplazo del ausente, supone condensar una vida a un instante.

‘Línea del Destino’, 2006
‘Tiznados’, 1991

En los ‘Tiznados’ usa como base fotografías de crímenes y accidentes, el título viene de un grupo paramilitar colombiano que realiza terribles masacres en los 80s. Es indudable que vidrios agrietados bajo los pies y retratos que se van por un sifón pueden dejar una sensación de impotencia, pero no siempre las relaciones que entabla con el espectador son desesperanzadoras. El respiro lo dan los ‘Alientos’ en los que el espectador se encuentra con varios espejos redondos que cuando reciben la respiración revelan rostros, aquí también se trata de fotos de obituarios, pero la relación es cálida, quien interactúa con la obra le devuelve la vida a la imagen con su aliento.

‘Aliento’, 1995

Es cierto que Óscar Muñoz somete a la imagen a un estado de fragilidad, pero su deseo no es borrar, como habitante de una sociedad en la que las desapariciones son una marca repetida dentro la historia del país, no renuncia a la posibilidad de crear un recuerdo, uno que puede desaparecer en cualquier momento, sumergido entre muchos otros recuerdos similares. La obra ‘Re/Trato’ es la que elijo para revelarme como escritora de este texto breve, porque es la que más me conmueve, la que sospecho contiene como ninguna la intención de Muñoz, que dibuja con agua en el pavimento caliente un retrato que observa en una fotografía, líneas que casi con la misma frecuencia que se dibujan desaparecen, la acción es circular, una vez se pierde la imagen, Muñoz la vuelve a dibujar, es un uroboros que fluye gracias a la determinación del artista de reclamar el recuerdo, de darle unos segundos más.

Oscar Muñoz, Re/trato, 2003. from suelta suelta on Vimeo.

‘Re/Trato’, 2003
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Sara Mejía

Nací y vivo en Medellín, soy fotógrafa, eso se supone porque dediqué tres años de mi vida a estudiar fotografía en la ciudad de Barcelona. Ahora busco más pensar en fotografía que hacerla, aunque mi cámara siempre fiel me acompaña a todas partes, es mi diario personal, como lo son los textos que escribo sobre arte porque al final es el arte el que gobierna mi vida, la música es mi vicio más irremediable y me gusta dormir con un libro de Félix González-Torres en brazos, el arte es mi más querido compañero.