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No tengo televisor, miro noticias, series, películas y programas que me interesan cuando me apetece a través de Internet. Mucho tiempo atrás era para mí, algo impensable. Recuerdo que un profesor que tuve cuando era adolescente nos dijo que no tenía televisor y nos resultó algo escandaloso, “¿Cómo te enterás de la actualidad? ¿De lo que pasa en el mundo? ¿Cómo te entretienes? ¿Hacia dónde miran tus muebles?…” nos parecía un tipo raro. Ignorábamos otras fuentes de información, aunque corrían periódicos por casa. Internet simplemente era un lugar para navegar y chatear.

Entonces era mucho más fácil que nos la “colaran”, los medios para contrastar la validez de las imágenes-noticia que nos llegaban, eran prácticamente inexistentes. La representación única facilitaba el control del mensaje, y una manipulación determinada podía modificar la opinión del público, algo que sigue sucediendo pero que hoy convive con múltiples voces que aparecen desde distintas redes sociales. Además poco o nada se desconfiaba de las fotografías, las cuales han sido consideradas como evidencias desde sus inicios. Sin embargo, lo único que es inherente a la imagen es su potencial de falsear. Un mínimo de conocimiento de la historia fotográfica muestra que el sometimiento de la realidad al plano subjetivo es esencial en la fotografía: el mismo acto de encuadrar, de dejar un pedazo de contexto relegado a la invisibilidad en el fuera de campo; el enfoque, conduciendo la mirada a un punto en concreto; sobreexponer o subexponer, añadir o quitar dramatismo; la temperatura del color, sosiego o euforia… A las cuales podemos añadir la alteración mediante técnicas de posproducción. Por lo que, asumida su capacidad manipuladora, tal vez lo que debamos preguntarnos es cuán de probables son las imágenes.

Sin duda, lo que determine el grado de peligrosidad de dicha construcción documental, será la intención que escondan, es decir, en manos de quién esté el poder de la imagen.  La conciencia sobre el potencial comunicador que tienen, puede contribuir a transformaciones sociales, cambios determinantes en el transcurso de la historia. Sin olvidar que, los medios nos ofrecen imágenes para el recuerdo, imágenes que se implantan en la memoria colectiva para convertirse en iconos del pasado. Por ejemplo, yo no estuve en Nueva York en el momento en que las Torres Gemelas se desmoronaban, pero en mi mente está instalada la imagen de las dos torres humeando y desplomándose sobre sí mismas. Tal vez para mí, esta imagen que pretendía mostrar cómo dos aviones acababan con dos símbolos americanos y con la vida de miles de personas, no haya modificado mucho mi realidad, de un modo directo. Pero desde luego que sí lo hizo para muchos que al igual que Lian, un padre de familia del sur de Inglaterra con el que viví siendo au-pair de sus dos hijos, le incitó a combatir a la guerra contra el terrorismo, por el bien común, por la patria. Pero, ¿acaso esa imagen constataba que fue una acción terrorista? ¿Cómo se sentiría Lian si descubriera que fue un autoatentado por parte del mismo Estado Americano? ¿Lo fue? ¿Una forma de generar miedo y tener a la población más controlada aceptando medidas de control que de otra forma no aceptarían? ¿Motivos para apoyar una guerra hacia Oriente Medio que nadie antes quería? ¿Conspiranoia? El caso es que, los registros tienen esa influencia en nosotros, pueden determinar no solo la forma en la que recordamos, sino la forma en la que vemos y por consiguiente las decisiones que tomamos en el presente y que afectará a nuestro futuro.

Imagen demolición de las Torres Gemelas en el 9/11.

No existe noticia sin imagen, es como si reinara esa creencia del “ver para creer”. Inclusive cuando se decide no mostrar la imagen del acontecimiento se nos ofrece un imagen-placebo. Aunque ésta, más que sustituir a la imagen-testigo reafirma su ausencia. En el trabajo ‘1 de Mayo del 2011’, Alfredo Jaar examina un hito de la imagen-política. La imagen está compuesta por el presidente Barack Obama, parte de su gabinete y miembros de seguridad nacional en la Casa Blanca, con la mirada clavada en algo que permanece fuera de campo. El pie de foto detalla que lo que están mirando es la retransmisión en directo de la muerte de Osama Bin Laden. Es la única imagen que se difundió de esa noticia tan histórica. Sin embargo, la imagen del suceso está escondida fuera del encuadre, y por tanto, de nuestro alcance. Prevalece la ausencia, y en esa invisibilidad se nos fuerza a creer sin ver. El espectador nunca vio el cuerpo muerto del líder terrorista (aunque luego hayan circulado por Internet varias imágenes que dicen ser su retrato postmortem) ni siquiera se mostraron otras imágenes captadas desde un ángulo que permita comprobar qué era lo que realmente estaba viendo Obama, a pesar de que Pete Souza, el fotógrafo de la Casa Blanca, tomó 100 fotografías de ese momento. Esta imagen es tan o más importante por lo que muestra como por lo que no muestra.

Imágen que ilustró la notícia de la muerte de Osama Bin Landen el 1 de Mayo del 2011.

Me viene a la cabeza la confusión de una presentadora de las noticias que al anunciar la muerte del terrorista líder de Al-Qaeda, Osama, dijo que Obama había muerto. Ese intercambio de nombres debido a la similitud sonora que guardan, se da también en las imágenes-noticia, en las que se nos ilustra un suceso con una imagen de un acontecimiento distinto. Ya sea por despiste o intencionadamente. Como pasó por ejemplo con la imagen que se utilizó para mostrar el atentado de Bélgica de este año, con un video de una cámara de seguridad que pretendía captar el momento de la explosión en el aeropuerto de Zaventem, cuando en realidad correspondía a un atentado que hubo en un aeropuerto de Rusia en 2011.

Captura de pantalla, grabación del atentado en el aeropuerto de Rusia en 2011.
Captura de pantalla, supuesta grabación del atentado de Bruselas en 2016.

Es como si la documentación se hubiera desligado de la realidad a la que pretende representar y se quedará flotando en la abstracción online, sin una línea temporal o una geografía concreta. Y así, una imagen de un atentado sirve para ilustrar una noticia de cualquier atentado, escogiendo la que mejor represente aquello que se quiere decir y no al revés. Esta re-contextualización evidencia el interés por establecer un juicio determinado, al menos podríamos suponer que es así con aquel que empieza a difundir la imagen, pues luego se suman al carro otros confiando en su validez. Sin embargo, la posibilidad de encontrar el “error”, a través de la geolocalización o de programas para consultar la fecha de captura, es hoy una operación bastante sencilla, al igual que contrastar las fuentes. Lo que falla no son las posibilidades técnicas sino la falta de tiempo/compromiso en un mundo de actualización informativa al momento. Recordemos la imagen icónica que se ha utilizado durante 5 años para representar en varias ocasiones el desabastecimiento de los supermercados en Venezuela cuando en realidad representa a un supermercado de Nueva York en el contexto del Huracán Irene del 2011.

 Imagen icónica del debastecimiento de Venezuela. Composición de: http://undebateenmicabeza.blogspot.com.es/

Un avance en la búsqueda de un relato más completo y democrático es la imagen-testimonio en primera persona que han posibilitado la omnipresencia de las cámaras móvil junto con el acceso a múltiples espacios de difusión, como son las redes sociales. Estas imágenes complican la existencia de un monopolio de la información. Actúan como armas para defenderse del poder. Una de las representaciones para mi más relevantes de esta actividad está sucediendo en la revolución siria donde los ciudadanos están grabando su propia muerte. Las cámaras móviles actúan como una extensión de los ojos con los que registran y propagan a través de Youtube lo que ven, lo que les sucede. Es lo que Rabih Mroué ha acuñado con el término ‘double-shooting’ (Doble disparo), debido al encuentro simultáneo de dos personas que se disparan mutuamente. Por un lado, el civil dispara con su móvil al francotirador para denunciar lo sucedido y poder así, salvar la vida de sus conciudadanos, aunque le cueste la propia vida. Por el otro lado, el soldado dispara con su arma de fuego al civil para defender el poder establecido. Un sólo disparo de un arma de fuego puede quitar una vida, un disparo fotográfico aquí, puede salvar muchas. Es un movimiento propuesto por youtubers con su decálogo a seguir (grabaciones anónimas, incluir fecha y lugar en la grabación, uso de planos generales, sonido real…)   Son imágenes en bruto sin edición, que representan las voces que antes no se oían, la de aquellos que sufren la guerra en primera persona. Pero aún cobran más valor debido a que son los únicos documentos que nos llegan de la revolución de siria, oponiéndose a la censura del gobierno de Al-Assad que impide cualquier registero.

Imagen de la conferencia performativa ‘The Pixelated Revolution’ de Rabih Mroué.
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Grabación ‘Double Shooting’ presentado en ‘The Pixelated Revolution’ de Rabih Mroué

Chinua Achebe, escritor nigeriano, en una ocasión comentó “Mientras los leones no tengan sus propios historiadores, los relatos de caza siempre glorificaran a los cazadores”. Creo que actualmente, los ‘leones’ están tomando su lugar en la historia.

Bibliografía

  • Pedro Arroyo – ‘Una guerra de imágenes, el conflicto y su representación en primera persona. El caso de Oriente Medio.’ Barcelona, 2016.
  • José Luis Marzo – ‘Fotografía y activismo, textos y prácticas (1979- 2000)’ – (ed). Editorial Gustavo Gili, SL. ISBN 84-252-1983-3.
  • Chinua Achebe, escritor nigeriano, en una entrevista a The Paris Review en 1994.
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Nerea Arrojería

(Palafrugell, 1989) En mis años estudiando fotografía desarrollé un apasionado interés por sus usos y lenguajes. Posteriormente me especialicé en la critica con el Master de análisis y gestión en arte contemporáneo. Actualmente estoy cursando el grado de Historia del arte, y soy la editora jefe de la plataforma fotográfica elpulpo. Mi trabajo se centra principalmente en la escritura y en la investigación de la imagen, concretamente, fotográfica.