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La fotografía documental enfrenta retos particulares, cuando se piensa en una fotografía como documento, en esta se vierten valores complejos, como aquello de la veracidad, la imagen verdad, se le imponen límites a la vez que se le atribuyen alcances precisos. Los límites y los alcances esperados, son dramáticos en su exigencia cuando se piensa en la labor del fotógrafo documental que pretende retratar a un país tan complejo como Colombia, un país que ha conocido una guerra convulsa que ha sabido desarraigar, tanto como ha sabido matar a los más vulnerables.

Muchos fotógrafos lejanos han venido a verlo con la cámara ante sus ojos, podría consultarse la galería del mítico premio World Press Photo y encontrar fotos que posan como retratos de Colombia, la inequívoca imagen noticiosa que muestra sangre y convence a todos de ser una visión rigurosa de lo que sucede allá.

Fiestas de San Pacho, Quibdó, Chocó, 2013 – Esteban Valencia. 
Avenida Oriental, Medellin, 2013 – Felipe Alarcón

¿Pero qué hay de lo que sucede aquí?

El colectivo La Media Vida, estandarte de tres amigos, Felipe Alarcón, Esteban Valencia y Mariana Greif, une sus fuerzas para llevar el imaginario repetido a lo particular, escapando de ideas folclóricas, bajo un objetivo simple y transparente, generar una visión mucho más amplia de aquello de ser colombiano, vivir en Colombia, vivir a Colombia.

La Media Vida como colectivo ya ha nacido dos veces, y ahora en su segunda vida lleva dos años difundiendo proyectos de fotógrafos tanto colombianos como del exterior, que apuestan por imágenes que relatan historias, que apoyan esta visión múltiple y democrática que tienen como colectivo sobre su sujeto, el territorio y sus historias. El portal que ellos mismos editan funciona como plataforma de agrupación, pero no es pensado como sitio únicamente para fotógrafos, si bien se alimenta de fotografías, existe como medio para generar diálogo con cualquiera que quiera leer una historia alternativa a la de la imagen noticia.

Ellos no sólo promueven proyectos, también conciben ideas que los agrupan, como en el caso de las fotografías que realizaron en la pasada Semana Santa. Varios fotógrafos, cada uno en un sitio diferente, retratando las mismas manifestaciones culturales. El resultado es una visión caleidoscópica de lo que supone ser una misma cosa, que se convierte en una narración nueva ante los ojos de cada fotógrafo. Esa es la esencia de la visión que proponen, democrática y concentrada en las historias particulares.

Semana Santa, Medellín, Antioquia, 2016 – Felipe Alarcón
Semana Santa, Sonsón, Antioquia, 2016 – Esteban Valencia
Semana Santa, Angostura, Antioquia 2016 – Mariana Greif

El contexto colombiano hace que sea difícil pensar en desligarse de la agencia noticiosa como centro, pero hacerlo, ir contracorriente, abre la posibilidad de entablar una relación más reflexiva a la hora de editar y elegir fotografías, en La Media Vida se encuentran con esta responsabilidad y la asumen como un reto importante, un proceso reflexivo. Más que obliterar la figura de la agencia, a lo que apuntan es a crear una versión alternativa que sea resultado de un aprendizaje activo, ellos no paran de hacer a la vez que proponen, realizan proyectos a la vez que acompañan los de otros fotógrafos. Creen que la labor del fotógrafo documental no debe ser una labor solitaria, hay mucha más fuerza cuando se apela a la colectividad y se trabaja por un objetivo común.

Colombia como sujeto presenta tantos obstáculos como oportunidades, basta con observar la manera como se divide el país ante cualquier evento, todos cargan su verdad y la defienden a capa y espada. La guerra que nos ha atormentado tantos años se manifiesta en cada discusión en la que se enfrentan visiones intransigentes. Los colombianos somos muchas cosas pero nos resistimos a reconocer al otro como un diferente válido, y esta batalla hace que alguien que quiera contar una verdad sobre Colombia, se enfrente a un trabajo más de funambulista que de reportero o fotógrafo, precisando consciencia de cada lado, de cada voz. Quizá sea imposible realizar un retrato preciso, uno que presente todas las posibilidades de manera simultánea. La reflexión lleva a considerar que un retrato no sea relacionado con la idea de verdad, en él existirá tanto del retratado como del que retrata y también se alimentará del imaginario de quien lo observe.

Existe una posibilidad novedosa ante ese conflicto, se trata del poder de las historias, pensar en retratar una realidad de la mano de sus actores, pensar en la cultura popular del país, reconocer la relación del fotógrafo con el sujeto como parte del resultado. Lo que queda es una narración con testimonios diferentes sobre la misma cosa, todos respetados, todos parte de la historia, y esto es lo que La Media Vida presenta, visiones múltiples, un espacio en el que la fotografía está al servicio de las historias.

Centro de Medellín, Antioquía, Colombia – Mariana Greif
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Sara Mejía

Nací y vivo en Medellín, soy fotógrafa, eso se supone porque dediqué tres años de mi vida a estudiar fotografía en la ciudad de Barcelona. Ahora busco más pensar en fotografía que hacerla, aunque mi cámara siempre fiel me acompaña a todas partes, es mi diario personal, como lo son los textos que escribo sobre arte porque al final es el arte el que gobierna mi vida, la música es mi vicio más irremediable y me gusta dormir con un libro de Félix González-Torres en brazos, el arte es mi más querido compañero.