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En los primeros años del siglo XXI hemos vivido la transición de la fotografía tradicional hacia el universo electrónico y la aparición de una nueva sociedad de la comunicación.

Los ya antiguos materiales fotosensibles y los laboratorios fotográficos han desaparecido de nuestras casas y las cámaras fotográficas mecánicas han sido relegadas al fondo de los armarios y a las vitrinas de museos de la técnica. Las nuevas herramientas del fotógrafo son ahora el ordenador y los programas, las impresoras, Internet y las redes sociales. Los nuevos soportes son las tintas, los formatos y los medios de almacenaje. El negativo se ha desmaterializado y ya no es de plástico sino un fichero informático.

Muchas más cosas han cambiado: el modelo del estudio y del laboratorio fotográfico profesional del siglo XX, con trato directo con el cliente, iluminación manual y trabajo creativo a oscuras en el laboratorio ya no existe, ha desaparecido y ha obligado a los fotógrafos a reconvertirse en un nuevo método de trabajo donde prima la celeridad, la creatividad en la manipulación de la imagen electrónica, la ética y, por supuesto, el dominio de una tecnología que no para de renovarse.

Los que tenemos una cierta edad somos la generación de transición entre estos distintos universos, entre estas distintas prácticas. Los jóvenes son ya nacidos en el nuevo mundo, en esta era actual paradigmática de la globalización y de la comunicación instantánea donde dominar la fotografía es tener conocimientos de imagen electrónica, tecnologías de impresión, ciencia del color, sistemas de imagen híbrida o preservación informática.

Los ejemplos que muestran esta transición hacia la era de la imagen electrónica son muchos para los que practicamos y estudiamos la fotografía como ocupación profesional: fotógrafos, conservadores de museo, archiveros, historiadores de la técnica, científicos del patrimonio, galeristas o coleccionistas. Y evidentemente también para el restaurador de fotografías, que es desde la década de los años 1980 el responsable de la integridad física de las fotografías en las colecciones de fotografía patrimonial (museos, archivos públicos, fundaciones o colecciones privadas).

El colectivo de los (mal llamados) restauradores de fotografías lleva 40 años ordenando fondos fotográficos, estudiando la historia de la técnica fotográfica y buscando “remedios” al deterioro físico de las fotografías tradicionales. Hemos “redescubierto” y entendido científicamente el funcionamiento de los principales procesos fotográficos tradicionales. Hemos encontrado solución a un sinfín de “patologías” que afectan a las fotografías analógicas: sabemos – entre otras cosas -, limpiar emulsiones sin peligro para la imagen fotográfica; reparar desgarros; consolidar estructuralmente una fotografía fragilizada sobre vidrio o papel, hemos aprendido también a presentar y proteger fotografías antiguas y modernas con materiales permanentes e inocuos. En los años 90, gracias a la perseverancia de numerosos profesionales establecidos en instituciones de referencia en el mundo de los museos de fotografía, la conservación de fotografías ha llegado a establecerse en el panorama académico, con programas de enseñanza en reputados centros de enseñanza internacionales como el Image Permanence Institute y la George Eastman House de Rochester (Nueva York, USA) o el Instituto Nacional del Patrimonio en París (Francia).

Para los profesionales de la historia de la fotografía parece hoy en día evidente que la era de la fotografía, es decir, la época de los materiales fotosensibles ha acabado y ha empezado una nueva era de la fotografía basada en la captura y la transmisión del efecto eléctrico de la luz. La nueva fotografía ya no se basa en la reacción química de compuestos fotosensibles a la luz sino en la transformación de un impulso eléctrico en una huella de color.

A grandes trazos, en los años 70 se estudiaron los daguerreotipos, los ambrotipos y los ferrotipos, mayormente retratos del siglo XIX, ejemplares únicos presentados en estuches como si fueran miniaturas y que son considerados las fotografías incunables.

En los años 80 el gran adelanto en conservación y restauración fue el redescubrimiento, el estudio y la práctica de los papeles a la albúmina, el papel salado y los papeles al carbón, al tiempo que los papeles de ennegrecimiento directo –es decir, sin revelado- caían finalmente en el olvido y los procesos antiguos se ponían de moda como procesos alternativos a la fotografía moderna con emulsión de gelatina y sales de plata.

En los años 90 aparecen los centros de enseñanza oficiales en restauración de fotografías y se estudia la fotografía en color, sus orígenes, génesis y materiales y principios usados y, muy importante, se establecen métodos, normas y recomendaciones internacionales para la gestión y conservación de grandes archivos públicos.

A finales del siglo XX las cámaras electrónicas empiezan a generalizarse y artistas contemporáneos y fotógrafos empiezan a usar las nuevas tecnologías y nuevos soportes de impresión. Para el conservador de fotografías un nuevo mundo se abre a sus ojos con una nueva problemática desconocida hasta entonces con imágenes fotográficas salidas de impresoras y fabricadas ya no con emulsiones fotográficas sino con colorantes o pigmentos suspendidos en capas receptoras de materiales plásticos desconocidos hasta entonces en la industria fotográfica.

En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo de estudio de los nuevos soportes de impresión. Matrin Yurgens, actualmente responsable de la colección de fotografías en el Rijksmuseum de Ámsterdam, escribió en 2009 en un manual financiado por el Getty Institute de Los Ángeles sobre la historia y los materiales de impresión electrónica, incluyendo des de las primeras impresoras matriciales, de trazo o las primeras fotocopiadoras láser o de inyección continua de tinta hasta las últimas impresiones de inyección de tintas polimerizables a la luz ultravioleta sobre todo tipo de soporte. Otro investigador americano, Henry Wilhelm, dirige des de los años 90 un laboratorio privado en Estados Unidos dedicado a probar la permanencia en el tiempo de los nuevos tipos de impresión electrónica.

Como afirma Joan Fontcuberta en uno de sus inspirados ensayos, la facilidad de la práctica y la omnipresencia de dispositivos fotográficos electrónicos han cambiado el paradigma de “lo fotográfico” con nuevas prácticas – el flujo de trabajo, por ejemplo –, nuevas herramientas o nuevos usos. Un ejemplo paradigmático de ello es la red social Instagram, un nuevo tipo de álbum fotográfico y, yendo más lejos todavía, un nuevo tipo de lenguaje visual.

Una cosa que parecería tan básica como almacenaje a largo término de ficheros informáticos es un tema que no está solucionado y plantea hoy en día un gran desafío. No parece claro que en un futuro lejano tengamos acceso a la información actual, en cualquier caso, no en la misma forma en que fue creada, ya que la preservación de información se basa en el copiado y la migración perpetua de ficheros y esta operación pone en entredicho la integridad de la información contenida en los ficheros. Además, como dicen los americanos “if you dont use it, you loose it “ (si no lo usas lo pierdes) y cuando un conjunto de ficheros no se copian periódicamente – y a perpetuidad – van a desaparecer en los agujeros negros digitales, ya sea la en la nube o en nuestros dispositivos de almacenaje. Nuestra naciente civilización electrónica tiene pues el desafío de encontrar una solución a este problema ya que sino corremos el riesgo de estar viviendo una época de la cual en el futuro no van a quedar información.

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Pau Maynés Tolosa

Soy conservador de bienes culturales y profesor de restauración de fotografías. Tengo un estudio privado y doy servicio a museos, archivos y coleccionistas. Podéis ver nuestro trabajo en www.corebarna.com. Empezé estudiando fotografía y como fotógrafo de arquitectura y obras de arte. He probado casi todas las técnicas fotogràficas antiguas y modernas. Hago experimentación para entender los procesos y los principios científicos que entran en juego en la práctica fotográfica. Vivo en Barcelona y viajo mucho por Europa. Estoy también implicado en temas de arte callejero y en grupos de cultura popular de ámbito local.