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Hace años el poeta José Ángel Valente realizó unos libros de colaboración con la fotógrafa Jeanne Chevalier y Manuel Falces. En el último, Para siempre: la sombra, el poeta se despide con estoicismo de la vida, y como un cuerpo desleído y borroso, a punto de desmaterializarse, inscribe su huella, su palabra, en su retrato tomado en el hospital: “Borrarse. Ser solo huella”.

Manuel Falces y José Ángel Valente, Para siempre la sombra.
Manuel Falces y José Ángel Valente, Para siempre la sombra.

En algún momento de los talleres que realizo, dejo caer la cita de Michel Tournier que explica que unir fotografía y texto es como mezclar agua y fuego, y que en todo caso la premisa para que funcione es que el autor de texto y fotografía dé la casualidad que sea la misma persona, pues de este modo las colaboraciones pueden llegar a funcionar conjuntamente porque ambas hablan de lo mismo. Y este es el caso de Juanan Requena. La inscripción dentro de la imagen fotográfica, ya practicada por Valente, es una constante en su obra como expresión de ese intento de aunar la imagen y el verbo, el cuerpo y el espíritu. Escribo esto justo cuando sale su primer libro, Al borde todo mapa, pero sin que todavía haya llegado a mis manos. De todas formas, lo que Juanan ya es se puede comprobar en su página web a espuertas, tanto que resulta imposible hacer aquí referencia y mucho menos analizar todas las posibilidades y variantes que despliega en su obra, la cual ha conseguido en pocos años abarcar un amplio espectro de prácticas fototextuales, todas guiadas por un mismo afán de vivencia poética del mundo: más allá del uso de la imagen fotográfica y de la palabra, la poesía es el origen y final de su obra.

La escritura de Requena se nutre de un amplio abanico de poetas y escritores, teóricos y artistas, y fotógrafos. Al hacerse eco de esas palabras simplemente rastrea voces hermanas que reflejen la suya propia y con las que crecer y ahondarse. En su blog inserta ideas para posibles proyectos, en las cuales se aprecia su metapoesía, la necesaria preocupación entre fondo y forma que rige el funcionamiento interno de este artista, en el sentido de que medita sobre cómo plasmar tal o cual idea, emoción o vivencia: el soporte y la manera de verlo/leerlo es tan importante como el qué, porque esa misma forma ya incluye el mensaje.

IDEA1     Ampliar cada fotografía en palabras cada vez más hasta donde pueda estirarla y al final de todos sus límites encontrar su otra historia.

La poética de Requena se sustenta en el misterio. El misterio de la vida, de la búsqueda, del ser, de la simultánea imposibilidad y necesidad de ambas. Vaivenes de palabras e imágenes que recorren un camino sinuoso y contradictorio, ya que apela al receptor de sus diarios, collages, libros, etc. a que tome las riendas de su vida, pero precisamente para perderse. La propuesta de Juanan es radical porque no es un juego banal sino una apuesta moral.

Las repetidas fotos de caminos y carreteras nos sugieren la idea de ponerse en movimiento al tiempo que la duda al hacerlo, o de si hacerlo o de haberlo hecho (estos tres planos temporales permite la mirada sobre la fotografía). La necesidad y la duda de recorrer el laberinto en si mismo y no necesariamente de encontrar la salida, pues esta siempre es provisional. A modo de frontispicio oracular su página web es bautizada con un No detenerse. Sin embargo, este movimiento continuo está reñido con la ansiedad contemporánea, porque precisamente la demora en la mirada y el tiempo laxo de sus imágenes en blanco y negro o sepias varios apuntan a lo contrario, a detenerse y no dejarse arrastrar por un tiempo externo, impuesto y ajeno a sus necesidades más profundas. De hecho, con esta praxis funda su taller El granero, abierto a experiencias compartidas en la tranquilidad de un pueblito de Aragón (uno de sus talleres cíclicos se titula La meta es el camino), intentando compartir lo íntimo y lo cotidiano con los participantes.

Juanan Requena – ‘Inventarnos Isla’ Ring Diary 46, 2016.

Contradicciones vivificantes, propias de la imagen fotográfica y de la palabra como tierra de nadie: somos seres a la intemperie, sin refugio permanente, brutalmente centrifugados, expulsados de ese falso paraíso que es la imagen fotográfica pero que nos ofrece el engañoso reflejo de alguna certidumbre. La mística -más allá de las religiones-, igual que en Valente, es un referente de una experiencia extrema de búsqueda incesante en la que los contrarios se anulan, como en el Tao: para encontrar hay que buscar pero hasta que no dejas de buscar, no encuentras. Del mismo modo, las citas de San Juan de la Cruz son una referencia tanto para Valente como para Requena:

“Un día encuentras,
siempre,
la mirada que perdiste.”

Siguiendo la simbología, la luz y la sombra también aparecen en su obra: “El deseo de luz produce luz” nos recuerda Juanan, citando a la filosofa mística Simone Weil. La voluntad de querer ser algo, una apuesta por devenir aquello en lo que cree. Todo en su obra lo es: plantea una corporeidad absoluta (la materialidad tangible, hecha de hilos y texturas) donde el espíritu de la letra y la visión de la imagen se elevan y reverberan atemporalmente. En negro roto hay negros luminosos: convierte la palabra en la imagen latente de la fotografía; el intercambio entre el tono de la palabra y el fondo en el que se resalta es fundamental para entender la lucha por la búsqueda del sentido que afronta el maridaje poético de fotografía y palabra que propone Juanan. Recordemos aquello de que la oscuridad no existe, simplemente es la ausencia de luz. Momentos en los que la imagen, o el texto, desaparecen. En el ejemplo de abajo se habla de la imagen desde su ausencia. Así, la fotografía adquiere toda su potencialidad como huella, como herida no cicatrizada del deseo roto, la imaginación arrugada pero aún expectante: “…donde todavía crees que habrá otro salto”.

Juanan Requena – ‘Negro Roto’. Diary 36, 2013.
Juanan Requena – ‘Trata de arrancarlo’ Diary 2016, 477:31

No se esconde en su pretensión de perdurar, partiendo de una obra que es proyección de un ser profundamente consciente del valor del tiempo en todas sus acepciones. El tópico latino del fugit tempus irreparabile como la mayor incongruencia de la vida humana, aparte de la muerte: la silla borrosa y el texto que alude a la fugacidad de lo contingente. El “Hoy es siempre todavía” de Antonio Machado, reverso esperanzado de aquel otro tensionado, denso y pesimista verso quevediano: “Soy un fue, un será y un es cansado”. O la “nostalgia del futuro” que dijera el poeta granadino Luis García Montero. En este contexto se sitúa su vivencia extremada del tiempo: “Tomorrow was here”, apuntando a la imagen de una caravana, con el administrativo tampón que marca la fecha; una vivencia pasada en la que el futuro existía, y ahora, al mirar la imagen, al recordarlo y escribirlo, constatamos que esa promesa ya se ha desvanecido aunque sus ascuas todavía reposen en el fondo de nuestra retina, con la ilusa ilusión de volver a iluminar esa caravana con aquella mirada. Vamos, la paradoja del río presocrático: siempre cambiante pero siempre el mismo río. Y en medio la imagen fotográfica, que nos atrapa en el ámbar como a un mosquito antediluviano.

Juanan Requena – ‘Entropy’ Diary 32, 2013, 84:88.

Sin entrar en una lectura en profundidad, en sus diarios se puede observar a simple vista una clara evolución hacia la depuración, la reducción del texto hasta el extremo del minimalismo, hacia la desnudez de la esencia, la desaparición de la anécdota, excepto que esta condense en si misma la conceptualización. La frase o palabra cuyo sentido apunta hacia un lugar pero en la siguiente página nos ofrece otra continuación. Entonces, las imágenes con las que conviven nos acrecientan el desorden y el caos que va germinando en nuestro interior. El ritmo cortante y las fotografías altera las palabras, las saca de su quicio, las desquicia, y las sitúa en otra dimensión, rodeadas de un vacío y un silencio para resonar en nuestro interior de otra forma. Alterar y alterarnos es lo que debe hacer todo poeta. Si a mi modo de entender aquí funciona la conjugación de fotos y palabras, es porque la función de estas no es aclarar el significado de aquellas, sino simplemente ahondar en el enigma, duplicarlo, creando otra imagen sobre la ya existente. Las palabras son piedras lanzadas en el estanque de la foto para crear ondas concéntricas y que se expanda la otredad en el interior de nuestra mirada, para mirarnos y leernos de otra manera.

Escritura fragmentaria, que se fragmenta y fragmenta todo cuanto roza. De esta guisa son numerosos oraciones que ensarta entre página y página, entre foto y foto: “Irte aún más lejos”, “Para estar más cerca”. Sintagmas independientes, sabiamente dosificados como versos separados por el velo de una página, cada imagen y cada idea se va ampliando, precisando. O no. El adverbio siempre, como en las citas de San Juan y Machado, o el aún arriba citado, expanden el horizonte y desencasillan el sentido de la imagen y la palabra. Aparecen sintagmas inacabados, sin verbos conjugados o a veces con apremiantes imperativos que, como el canto de las sirenas, llama a Ulises hacia un mise en abyme. Como un psicoanalista/amigo que, habiendo entendido las imágenes enterradas en tu subconsciente, te da el necesario empujón, con sus palabras, para que caigas en las estancadas aguas de la foto y, simultáneamente, salgas a la superficie a respirar. Para volver a vivir. O vivir mejor. De otra manera en cualquier caso. El extrañamiento interior, la reactualización del misterio fundante, seria la única receta para no morir en vida, para no detenerse. Para no quedar atrapado por la mirada de Medusa.

Juanan Requena – ‘Inventarnos Isla’ Ring Diary 46, 2016 33:34.

La fuerza de su producción fototextual se sustenta en la versatilidad y dominio de los elementos que despliega en sus libros. Maneja el ritmo y el tiempo de la conjugación de palabras e imágenes de manera que tanto unas como otras adquieren mayor sentido por la ausencia previa o posterior de la palabra o de la imagen. De este modo, ya sea una u otra, resuenan con mayor fuerza en el silencio o ausencia de la otra. Y es que, como todo buen poeta, posee un oído especial para la música. Y no me refiero a la musicalidad del verso, sino a la esencia fundante de toda poesía, que es la música del silencio. Sobre el silencio, a partir de él y hacia él, crecen estas retahílas, esbozos, amalgamas, compuestos de fotos y palabras, desplegándose como plantas que se ramifican, con repeticiones y variaciones, y van colonizando los diversos soportes que practica, no solo diarios y maquetas, sino también intervenciones, exposiciones, talleres, y cajas de luces. Estas últimas nos aportan un valor extra, pues la luz simbólica se materializa en su interior, como un templo gótico, cuyas enormes vidrieras fueron ideadas para que la luz expulsara las tinieblas.

Juanan Requena – ‘Lightbox nº171’ December, 2013.

La imagen difusa, sin objetivo, la del ávido mirón que pega el ojo a un agujero e intuye a lo lejos un barco. La mirada que atraviesa el texto, o el agujero negro que vuelve opacas las palabras, que difumina su sentido y oscurece su interpretación, para convertirlas en meros signos, como si fueran ideogramas alejados del convencional sistema alfabético occidental. Para darles un nuevo sentido cuando vuelvan a ser visibles, legibles, al lector; con otras imágenes.

Juanan Requena – ‘Entropy’ Diary 32, 2013 62:88.

La buscada imperfección de los revelados, las zonas borrosas, obviamente potencian un mundo onírico aunque real. Y la manera en la que conjuga texto e imagen no puede deslindarse de los materiales empleados: viejos cuadernos, papeles reciclados, pintados, donde se superponen las texturas, los números, la escritura, en castellano o inglés –sobre todo autógrafa pero también a máquina-, los papeles amarillentos enganchados sobre viejos cuadernos, etc. Capas temporales como pieles sucesivas que segregan residuos que se añaden al poso de palabras y fotos. Otro ejemplo son los desplegables: interesante manera de decir algo y luego matizarlo, cambiando la perspectiva sobre lo visto. De este modo, la imagen y el texto colaboran con la estrategia del juego del escondite: ocultar es tan importante como desvelar, pues toda auténtica revelación proviene de una fase de ignorancia, de tanteo en la oscuridad. El acto de levantar una hoja para ver la palabra o foto que hay detrás es como el niño que levanta expectante el mantel para ver si alguien se ha escondido debajo de la mesa.

Juanan Requena – ‘Trata de arrancarlo’ Diary 2016, 31:31.

Los tipos de escritura, y los contrastes con el fondo; el texto tachado, oscurecido, las erratas, todo forma parte de una estética de lo inacabado en la que el proceso moldea el mensaje. En estas mezclas se respira tanto la emoción y el impulso de la escritura manual, como la distancia y la reflexión sobre lo que se quiere decir; de ahí una estética en la que las costuras del proceso sean patentes. El reciclaje se practica por igual en los materiales como en las palabras y los fotografías. El poeta es el creador de ambas, pero es consciente de cómo el paso del tiempo altera la percepción sobre ambas. Así, las recupera en lugares diversos: fotos de faros y caminos, que, a modo de imágenes seminales de una obsesión inconsciente, se nos aparecieran repetidamente en sueños. Repeticiones, o mantras textuales y visuales que, gota a gota, pretenden consolidar un mensaje con carga de profundidad.

El ser pensante y fundante, que siente en el horizonte. Sin él, se empequeñece, se cosifica, se le escapa el aliento; se cierra el claro del bosque –imagen capital de María Zambrano. A Juanan le gusta mucho Argullol, pero además yo le citaría a otro filósofo catalán: Eugenio Trías. Tuve la suerte de tener a ambos como maestros. El segundo basa su visión del hombre en el símbolo del limes romano: intersección entre lo conocido –la civilización- y lo desconocido –la barbarie; una frontera que representa el lugar/tiempo en el que al ser se le muestra el misterio. Creo que Juanan Requena hace continuos esfuerzos por ser uno de esos habitantes del limes. No viajar hacia la frontera, para cruzarla, sino vivir en la frontera. Y la palabra y la fotografía, así entendidas, son artes fronterizas.

En fin, que este artículo no podía acabar de otro modo sino con una jubilosa exhortación: compren su libro, Al borde de todo mapa, visiten su web, y naufraguen entre sus diarios escuchando los temas que propone en el blog (Listening).

 

 

 

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Alberto Prieto Aguaza

Estudié filología y fotografía y desde hace años trabajo de profesor de instituto de Lengua y literatura, y de Historia de la fotografía y Géneros fotográficos en GrisArt. Hice mi tesis doctoral sobre la relación entre fotografía y texto, de la cual fue publicada una versión reducida: Ventanas, espejos y sombras. Por ello, lo que más me interesa últimamente es compartir talleres sobre este tema.