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Emerger se refiere a una acción, una cuestión temporal, algo que desemboca en un nuevo estado, tal vez por eso resulta tan problemático entender esa categoría de ‘Artista Emergente’ que ahora pulula en las galerías y publicaciones del medio. Parece ser un espacio en el que entran artistas que casi consiguen considerarse nombres establecidos pero todavía no alcanzan ese puesto y es ahí donde el proceso de clasificación se vuelve caprichoso, parece que son ellos, quienes presiden las galerías, quienes escriben los textos, son ellos quienes conocen la lista de requerimientos.

No, no es justo pensarlo de esa manera, es demasiado pesimista asumir que son otras personas las que tienen el control absoluto de la manera como se establecen los artistas que deciden lanzarse a ese hoyo negro que es el mercado del arte. El panorama ya no es una línea horizontal, se trata de un entramado que va en todas direcciones, redes sociales, festivales y ferias independientes, exposiciones virtuales, los límites espaciales son cada vez más difusos y la posibilidad de generar conexiones parece ser más democrática.

Lo que resulta difícil para seguir es enlazar las ideas anteriores con la artista en cuestión, la protagonista real de esta reflexión es Joana Choumali, una fotógrafa difícil de encasillar, parece que todo fotógrafo debe elegir una finalidad para su trabajo y es esa finalidad la que lo designa como profesional, puede ser fotógrafo de una cosa u otra, pero es esa cosa la que lo define, y regresando a Joana Choumali, no, ella no es fotógrafa de una cosa, tampoco de otra, ella es una artista que elige llevar una cámara en mano como intermediaria entre ella y las realidades que elige retratar, tal vez esa sea la finalidad de Choumali, ser fotógrafa de realidades, de posibilidades, de memorias, de anhelos, de sueños y nuevas ideas, siempre nuevas ideas.

Su obra crece en múltiples direcciones, documental, retrato, incluso imágenes compuestas que parecen hablar de su tiempo trabajando en una agencia de publicidad, pero esta multiplicidad no habla de indecisión, de hecho es todo lo contrario porque ella tiene claro que sus fotografías tienen un punto común, exploran la posibilidad de interpretar una identidad africana contemporánea y claro que esta tarea es sumamente compleja, ella lo sabe y reconoce que hay mucho por hacer pero también destaca el enorme valor que hay en cada gesto, cada intento, porque cree que existe una visión más justa.

Ahora parece necesario aclarar varias cosas, Choumali no es una mujer ingenua, tampoco es una mujer que se escuda bajo excusas comunes: mujer, africana, madre, minoría, no, ella dice que ni piensa en eso de ser minoría, lo dice con una sonrisa, no es cínica, lo cínico es que ahora resulta casi natural reprobar a quien decide creer en el poder del arte para generar crecimiento positivo.

En proyectos como Resilients y Hââbré, Choumali presenta fotografías en las que en el centro se identifican prácticas culturales específicas, escarificación, ornamentación y vestimentas tribales, pero lo importante no es eso, para ella se trata de nociones humanas y de la sospecha de que al final las preguntas que nos hacemos son muy parecidas, aunque algo en lo que insiste es en que nadie tiene la respuesta más correcta, existen búsquedas y en ellas podemos encontrarnos, pensando en una base bastante simple, somos seres humanos.

Su obra apela al espectador como ser humano parte de una sociedad, considerando que ahora es difícil definirse como hijo de una sola ciudad, de un sólo país; el orden mundial puede sugerir que existen varios mundos, primer mundo, segundo, tercero, cuantos sea posible nombrar, la tarea de clasificar es vital en muchas esferas del pensamiento pero cuando se trata de sentir y percibir identidades, memorias, entonces pensando en una fotografía de su serie Resilients, los patrones de la vestimenta tradicional africana de una modelo joven, su mirada, los gestos de sus manos, tienen tantas posibilidades de apelar a una mujer Colombiana como a una Escandinava, de hecho al llevar a cabo este proyecto la artista se encontró con mujeres fuera de África que apreciaban su intención de recuperar memorias y tradiciones, incluso comenta que una mujer Portuguesa le manifestó deseos de hacer parte de la serie como modelo.

Regresando a la idea de Emergente, Joana Choumali es una artista que ha sabido aprovechar las oportunidades que han estado a su alcance, en este sentido su relación con la African Artist’s Foundation (AAF) ha sido bastante importante, destacando a Azu Nwagbogu el director de dicha fundación quien se establece como un importante apoyo y más que nada creyente fiel de los artistas africanos que emergen. Es cierto que internet democratiza muchas herramientas y medios, eso lo destaca Joana, pero también es cierto que apoyos con bases fuertes como la AAF son grandes catalizadores cuando de Emerger se trata, teniendo como primera necesidad una autonomía que como ella lo dice, permite que el artista decida su propio discurso.

Leer sobre artistas que han conseguido que su trabajo viaje por el mundo puede tener dos efectos, puede ser estimulante y esperanzador o puede remover inseguridades y bajar el ánimo. El camino del artista que decide emerger bajo sus propias reglas está lleno de trampas y algo que resulta especialmente difícil es mantener la cabeza en alto, el artista tiene una relación integral con su obra entonces es poco probable que consiga separar su lado emocional de su progreso profesional. Regresando a Joana Choumali, lo que debe quedarse en la memoria de los artistas que leen esto no es la manera como ella ha logrado emerger, más que eso se trata de la manera como percibe su trabajo, sabe que su labor es importante, que su proceso como fotógrafa le permite desarrollarse como ser humano, ella dice que es tiempo de ayudarnos, cree en la posibilidad de cambiar el mundo gota a gota, cree en la destrucción paulatina de prejuicios dañinos, es posible que su optimismo parezca ingenuo pero es todo lo contrario, ese optimismo habita sus fotografías, su honestidad es fácil de reconocer y eso es motivo suficiente para pensarla a ella como estandarte de quienes creen en las oportunidades democráticas, en el arte como catalizador de causas auténticas, quienes al igual que ella se fijan más en las similitudes que en las diferencias.

 

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Sara Mejía

Nací y vivo en Medellín, soy fotógrafa, eso se supone porque dediqué tres años de mi vida a estudiar fotografía en la ciudad de Barcelona. Ahora busco más pensar en fotografía que hacerla, aunque mi cámara siempre fiel me acompaña a todas partes, es mi diario personal, como lo son los textos que escribo sobre arte porque al final es el arte el que gobierna mi vida, la música es mi vicio más irremediable y me gusta dormir con un libro de Félix González-Torres en brazos, el arte es mi más querido compañero.