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Hace más de medio siglo que el apropiacionismo ha sido adoptado como práctica creativa en las artes plásticas. Fotógrafos como la americana Sherrie Levine desafiaron la primacía del artista, cuestionaron las nociones tradicionales de autoría y la idea de novedoso asociada al término de originalidad y genialidad. En 1980 Levine fotografío las fotografías de Walker Evans en su trabajo After Walker Evans, afirmando que se puede volver a fotografiar una imagen y crear algo nuevo en el proceso. Recientemente, este recurso crítico emerge en el campo de la fotografía de prensa, actualizando el medio y redefiniendo el papel del fotoperiodista. No sin dejar de despertar controversias.

La polémica que suscitó el proyecto del reportero español Daniel Ochoa de Olza, Víctimas de los ataques en París, en la edición del World Press Photo{1} de este año, es muestra de ello. Fotografiar las fotografías que hicieron otros, con otra intención e interviniendo en ellas es la acción que le llevó a ganar y más tarde perder el tercer premio en la categoría «Gente, historias». Le fue retirado a petición de la agencia que le representa, Associated Press, alegando que, por equivocación, enviaron la serie al concurso. Al parecer, algunos de los “autores” de las fotografías “originales” se habían mostrado molestos y presentaron quejas. No obstante, y retomando el ejemplo del trabajo de Levine, ¿puede considerar Walker Evans ser autor de las re-fotografías de Sherrie Levine? ¿Son las fotografías de After Walker Evans iguales que las de Evans? ¿Son estas también originales? Si bien en el caso de After Walker Evans las respuestas están más que asumidas, el trabajo de Ochoa evidencia que el debate sobre los usos del apropiacionismo sigue siendo un debate no resuelto. Y es que, el apropiacionismo (tributo o resignificación) no está jurídicamente justificado, y menos en un concurso. En este contexto, podría ser considerado una infracción de derechos de autor y de imagen de las personas fotografiadas. Si bien las fotografías de Evans ya pertenecían al dominio público cuando fueron re-fotografiadas por Levine, no es el caso de Ochoa, y es ahí donde se encuentra la problemática, no es una cuestión moral sino legislativa.

Daniel Ochoa de Olza Vícitmas de los ataques de París, 2015

Según la RAE plagiar es copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. La re-fotografía, sin embargo, es una foto por debajo de otra foto. Distingase un retrato realizado entre amigos y risas a que un reportero tome esa fotografía después de que la retratada haya muerto en un ataque de París y la coloque en el lugar en el que fue asesinada, dejando que la lluvia cubra la superficie de la imagen, mientras la fotografía. Esa resignificación de la fotografía de álbum familiar difiere a su vez, del acto de fotografiar directamente a esa persona en pleno sufrimiento. Son tres imágenes distintas con diferentes intenciones, y la segunda decisión, la re-fotografía, dialoga entre ambas.

Daniel Ochoa de Olza con este acto, no se focaliza en capturar la crueldad del atentado sino justamente, en traernos las imágenes de un pasado que lo ignora, es nuestra mente la que completa la historia, reproduciendo algunas de las terribles imágenes que guardamos en la memoria. Los rostros recuperados de un pasado anodino conectan con una vida similar a la de cualquiera, empatizando así con el espectador. Así mismo, las imágenes contienen una crudeza latente, la vida alegre que se nos muestra sabemos que ya no existe. Esta vez, las fotografías son gestionadas por el reportero como un tributo a las víctimas, preservando sus rostros y su individualidad.

Extrapolo las preguntas de Kenneth Goldsmith {2} en su libro Escritura No-Creativa, a este campo: «¿No es todo material cultural algo compartido, algo donde las obras nuevas se construyen sobre obras preexistentes, sin importar si esto se reconoce o no? ¿Acaso los artistas no se han apropiado de materiales previos desde siempre?».

En la serie fotográfica Exposure del reportero japonés Kazuma Obara galardonada también en el World Press Photo 2016, se recuerda los efectos causados por el accidente nuclear de Chernóbil. El fotoperiodista recuperó un viejo carrete encontrado en la calle, que revela la vida de una chica afectada por la radiación. Son imágenes dañadas por los estragos del medio ambiente a los que estuvieron sometidas, como una especie de alegoría física, un filtro translúcido cubre la imágen interponiéndose entre representación y percepción. Las fotografías son expuestas tal cual fueron encontradas, complementadas con textos en formato diario personal. Que en efecto, las imágenes hayan sido tomadas por la protagonista y no por alguien ajeno al relato, les da una atmósfera de documentalismo subjetivo, desprendido de intencionalidades, incluso se intuye una cierta ingenuidad con la realidad que capta. Es precisamente, la contextualización que hace Kazuma de las imágenes la que les poseé de un nuevo significado, como si hubiese identificado en ellas su potencial crítico.

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World Press Photo es considerado el mayor y más prestigioso galardón fotoperiodístico, nos ofrece anualmente centenares de imágenes de sucesos, noticias e historias que están aconteciendo en el mundo. Prestar atención a los sucesos documentados tanto como reconocer cuáles no lo han sido, es tan relevante como atender al cómo; qué relación mantiene el fotoreportero con la realidad que documenta, desde que posición, proximidad y mirada.

A través del reciclaje estos dos autores re-plantean el papel del fotoperiodista, no ya de su misión sino del modo en el que la aborda. Actúan como un agente que gestiona las imágenes, les da visibilidad, valor y sentido. Que esta práctica emerja hoy en el fotoperiodismo, parece ser una evolución natural, una especie de emergencia por un fotoreportero que piense más y dispare menos.

En la hipermodernidad al fotógrafo se le añade otra dimensión con la que dialogar, además de la realidad, se encuentra ahora, con la representación. En este momento de proliferación de imágenes en exceso por los mass media, en que un alud de fotografías se suma, se disuelve y se sustituye por otras nuevas, el fotógrafo tiene la doble posibilidad, seguir generando contenido rellenando los vacíos con aquellas imágenes que faltan, o bien enfrentarse a las fotografías ya existentes.

Pensar es, en palabras de Alfredo Jaar {3} lo que distingue a un fotógrafo del resto de personas que presionan el disparador.

  1. World Press Photo 2016, http://www.worldpressphoto.org/collection/photo/2016
  2. Kenneth Goldsmith, Escritura No-Creativa: Gestionando el lenguaje en la era digital. ISBN 9789871622412, 2015. Edición Caja Negra, Futuros Próximos.
  3. Entrevista Alfredo Jaar en Focus on. https://www.youtube.com/watch?v=EjvRtNPVzgs
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Nerea Arrojería

(Palafrugell, 1989) En mis años estudiando fotografía desarrollé un apasionado interés por sus usos y lenguajes. Posteriormente me especialicé en la critica con el Master de análisis y gestión en arte contemporáneo. Actualmente estoy cursando el grado de Historia del arte, y soy la editora jefe de la plataforma fotográfica elpulpo. Mi trabajo se centra principalmente en la escritura y en la investigación de la imagen, concretamente, fotográfica.