Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

‘Los Monólogos de la Vagina’, obra de Eve Ensler, estrenada en Nueva York en 1996, que empezó de manera modesta en un teatro pequeño y terminó atrayendo atención internacional. Podemos empezar nuestro recorrido allí en ese teatro, lo importante no es la obra en sí, sino las conexiones que tiene con artistas precursoras de la idea de que la vagina es lugar de poder, Carolee Schneeman con su ‘Interior Scroll’ de 1975 tendría que ser considerada la madre de las ideas de Ensler. Schneeman se sube a una mesa y retira un papel de su vagina, un papel que contiene un texto, allí es donde ella deposita el poder, en la palabra escrita, porque aquello de las letras en el papel contiene una carga enorme, se trata de la posibilidad de generar conocimiento, guardar experiencias, testimonios, darle longevidad a las ideas.

Si me tomo el trabajo de regresar a mis años de colegio podría recordar muchos momentos en los que estando en clase escuché a mis maestros referirse a la figura del erudito, aquel que porta conocimiento, que se gana su lugar en las esferas de poder gracias a su saber, y sin dudarlo un segundo puedo decir que todos esos eruditos tenían rostro de hombre, al menos en la cabeza de una joven de 14 años esa era la imagen que se proyectaba. Basta recordar que a pesar de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos llegó en 1948, fue necesario que en 1952 se adoptara una Convención sobre los derechos políticos de la mujer para explicitar el derecho de las mujeres al voto y su acceso a cargos públicos. Es extraño aquello de la necesidad de explicitar algo que ya quedaba bastante claro en el solo nombre de la cosa, si son derechos universales, no debería quedar lugar para la duda.

‘Interior Scroll’, 1975, Carolee Schneeman

El poder de la palabra escrita es indiscutible, allí recae la responsabilidad de grabar la historia, de elegir la historia. Reclamar la palabra es reivindicar todos aquellos momentos en los que otros han hablado por nosotros, así lo hace Carrie Mae Weems con su poderosa serie de fotografías ‘From Here I Saw What Happened and I Cried de 1995-1996. Varios de los retratos recolectados por Weems eran usados como soporte para la desfachatada teoría de que los africanos eran inferiores, así que lo que la artista hace es reclamar la voz de esos sujetos que eran fotografiados con desdén, añade palabras sobre la imagen y le da otro nivel de sentido, ella es la erudita aquí, ella es la que nombra y resignifica.

de la serie ‘From Here I Saw What Happened and I Cried’, 1995-1996, Carrie Mae Weems

En el texto ‘La Risa de La Medusa’ de 1975, Hélène Cixous introdujo la expresión écriture feminine, ella incitaba a las mujeres a reclamar su identidad, su cuerpo, a escribir, ya que para ella la escritura existía como la herramienta ideal para reclamar las libertades que históricamente habían sido negadas. La unión de imagen y texto que ha sido fundamental para muchas artistas podría considerarse un ejemplo perfecto de las propuestas de Cixous, la imagen como muestra de identidad y la palabra como muestra de autoridad.

La artista española Esther Ferrer con sus trabajos de performance explora la parte de la identidad, y de manera especial con su proyecto ‘Íntimo y Personal’ de 1977, pone en comunión las dos cosas, la identidad en la imagen y la autoridad en la palabra, ya que en el performance que se registra con fotografías hay una acción de poner palabras en el cuerpo, el resultado son fotografías que bien pueden considerarse autónomas más allá de su origen como parte de una acción.

‘Íntimo y Personal’, 1977, Esther Ferrer

Asímismo podemos considerar la obra de Jenny Holzer, especialmente su serie ‘Lustmord’ de 1993,  que parte de esa palabra alemana que se refiere a asesinatos en los que se involucra una violación. Holzer tiene un modus operandi bastante claro, escribe una serie de frases y a partir de estas realiza diferentes acciones como proyecciones en espacios abiertos o resultados objetuales como camisetas con texto estampado, en el caso de ‘Lustmord’ las frases se dividen en tres categorías, las del perpetrador, las de la víctima y las del observador. Para este proyecto de manera acorde al tema que trata, Holzer escribe las frases en la piel y toma fotografías. El resultado es escalofriante, la piel sirve de soporte para una narración fragmentada que nos acerca a situaciones aterradoras que la artista imagina basándose en historias de la guerra en Bosnia. Las fotografías asumen un rol de documento histórico imaginado, posibles testimonios que encuentran lugar en una superficie viva.

‘Lustmord’, 1993, Jenny Holzer
‘Lustmord’, 1993, Jenny Holzer
‘Your Body is a Battleground’, 1989, Barbara Kruger

Es difícil acercarse al trabajo de mujeres artistas y no terminar leyendo extensas discusiones sobre género y feminismo, yo me atrevo a decir que tal vez esa sea una motivación para la presencia de texto en la obra de muchas de ellas, quizá intentan nombrar sus intenciones antes de que el público comience a reducirlas a un género y de esa manera a una intención limitada a cuestiones feministas. Ellas mismas escriben lo que debe decirse antes de que otros lo hagan por ellas, allí sobresale el papel autoritario de la palabra.

Quizá nadie ejemplifica eso mejor que la mítica Barbara Kruger. La publicidad es el sitio de cosificación de la mujer por excelencia y es de ahí de donde Kruger toma inspiración, en sus imágenes el diseño gráfico, la fotografía y el texto producen resultados que bien podrían considerarse seudo anuncios publicitarios excepcionalmente efectivos. Lo que genera impacto es el texto, porque las fotografías bien podrían ser consideradas simples, pero las frases combativas y fuertes resignifican la imagen y la ponen al servicio de Kruger y no de los deseos del consumidor, como lo hace la publicidad.

Regresando a la joven que era a los 14 años, puedo asegurar que aunque en mi imaginario los rostros de la erudición eran todos masculinos, siempre existió en mí la convicción que permea los gestos de mujeres como Jenny Holzer o Esther Ferrer, y es que aunque las voces grabadas en la historia, muchas veces corresponden con los deseos caprichosos basados en una estructura patriarcal, existen medios para reclamar voces perdidas, escribir nuestra identidad como invita Hélène Cixous es parte de la solución al olvido histórico, usar la tinta, construir imágenes y hacer de nuestra voz un eco de las voces ocultas.

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Sara Mejía

Nací y vivo en Medellín, soy fotógrafa, eso se supone porque dediqué tres años de mi vida a estudiar fotografía en la ciudad de Barcelona. Ahora busco más pensar en fotografía que hacerla, aunque mi cámara siempre fiel me acompaña a todas partes, es mi diario personal, como lo son los textos que escribo sobre arte porque al final es el arte el que gobierna mi vida, la música es mi vicio más irremediable y me gusta dormir con un libro de Félix González-Torres en brazos, el arte es mi más querido compañero.