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Peratallada, 8 agosto de 2017

Hola Rafa,

Además de los viajes por trabajo o por gusto, están los desplazamientos forzados en los que uno se ve obligado a abandonar su país (su familia, su gente, su trabajo y su “identidad”) sin saber si podrá regresar algún día. Se trata de los viajes sin billete de vuelta y en muchos de estos casos incluso el billete es sólo un concepto. Huyen para salvar sus vidas o preservar su libertad.

Desde hace unos años que las fotografías de refugiados ocupan los periódicos y las telenoticias. Es un tema candente, todavía sin solucionar y que está afectando a millones de personas de Oriente Medio. Surgen preguntas, por un lado, ¿qué hacer en esta situación? y por el otro, ¿qué hacemos con todas éstas imágenes?

Al argentino Marcelo Brodsky éstas imágenes le recordaron a su exilio por el que vino a Barcelona huyendo de la Argentina dictatorial, también le hizo pensar en sus abuelos judíos que tuvieron que emigrar de Rusia y empezar nueva vida en Argentina. Lo que le llevó a realizar el proyecto “We are all Migrants”, en colaboración con imágenes de su archivo familiar y de los periódicos, como fue la fotografía realizada de los refugiados en Grecia por la fotoperiodista Yannis Kolesidis. Esta sentencia “We are all Migrants” que hace referencia tanto un pasado como a un presente de migraciones y colonizaciones, al mismo tiempo nos podría estar advirtiendo de un posible porvenir: todos somos refugiados en potencia -¿Quién sabe cuál será el próximo país que estallará en guerra?-.

La cuestión entonces no es la otredad como un otro ajeno, sino como un yo en el otro, más semejante a la sensación que debe sentir un gato al encontrarse con el espejo. Indistintamente del lado en el que uno se encuentre, se trata de una realidad en la que todos formamos parte.

Un abrazo,

Nerea

Marcelo Brodsky – de la serie: We are all Migrants, 2016.

Barcelona, 10 agosto de 2017

Hola Nerea,

Como bien señalas, los desplazamientos forzados son una realidad global y masiva en el mundo contemporáneo (de hecho, desde el principio de los tiempos), por mucho que pretendamos esconderlo los pocos afortunados que vivimos confortablemente en estos balnearios a macroescala que son las democracias occidentales. Por contraste con la situación de millones de desplazados y refugiados, casi parece obsceno poner en el mismo saco al negocio turístico y a los traslados forzosos de millones de familias que lo han perdido todo. Debiéramos tener más presentes las fotografías de la inmediata postguerra en Europa de Ernst Haas o David “Chim” Seymour. Realizadas en la segunda mitad de la década de 1940, muestran niños, ancianos y soldados vencidos amontonados en vagones y estaciones de trenes a la espera de poder volver a casa, si es que todavía existe tras los bombardeos. Europa no debiera ignorar lo que ha vivido en carnes propias.

Todo y así cabe señalar que entre el viaje como producto de consumo y el desplazamiento forzado por las circunstancias existe un espacio, para mí, muy interesante: el viaje como proceso interior y/o iniciación, de reencuentro con la propia circunstancia mediante la confrontación, no siempre agradable, con el exterior. Además del ya casi mítico proyecto “End Time City” , una reflexión sobre la vida y la muerte en Vanarasi de Michael Ackerman fechada en 1999, yo me quedo con la búsqueda de la propia identidad a través de la ruta de Mike Brodie y su impactante, por sincero y honesto, “A period of Juvenile Prosperity”, con fotos realizadas en la primera década de este siglo. Con una mezcla de estética punkie y de fotografía de la época de la Gran Depresión, Mike “Polaroid Kid” muestra cómo los vagones de trenes de mercancías permiten a unos cuantos inconformistas recorrer, en busca de sí mismos, el reverso del Sueño Americano.

Un abrazo,

Rafa

Mike Brodie –  de la serie: A period of Juvenile Prosperity, 2006 – 2009.

Barcelona, 17 agosto de 2017

Hola Rafa,

He leído que el viaje de Mike Brodie empezó con un error que le llevó a tomar el tren equivocado en dirección contraria al destino que él se había marcado. Brodie comenta algo así como que para él lo importante es el viaje en sí mismo, la experiencia más allá de un destino en concreto. Esta mañana, mientras volvía en coche de Palafrugell a Barcelona pensaba sobre lo imprevisto que en todo viaje se da -se cuela por alguna fisura de la detallada planificación-. Me he acordado de un proyecto de Sophie Calle en el que la planificación es casi nula; confía el desplazamiento a decisiones externas como seguir a un transeúnte por la calle sin saber a dónde irá, quién es, qué hará.  Finalmente se entera de que volará a Venecia, un tiempo después ella decide viajar a Venecia y trabajar como mucama en un Hotel en el que realiza fotografías y escribe sobre las huellas de los viajeros que se hospedan en las habitaciones que están bajo su cuidado. A través de los elementos y de su estado, en una suerte de documentación criminalística, se advierte de qué tipo de viaje se trata: de negocios, familiar, romántico… de cómo son o se comportan los huéspedes: son ordenados, despreocupados, toman medicamentos, les vino el período, se maquillaron, tuvieron sexo, bebieron, estaban solos, acompañados…

Mientras escribo están volando helicópteros en el cielo (he perdido la cuenta de cuántos van) esta tarde, -como bien sabrás-, una furgoneta ha atropellado a un centenar de personas en las Ramblas, a lo que le ha seguido un tiroteo. El cuerpo de policía ha confirmado que se trata de un atentado terrorista. Hoy para muchos tenía que ser un soleado día de vacaciones en la ciudad barcelonesa, un día cualquiera del mes de agosto. A pesar de que mi día también haya cambiado, quiero mantener la misma imagen que esta mañana tenía en mente: una habitación del hotel en el que trabajó Calle, a la que de algún modo me conecta con la intimidad detenida que se habrán visto hoy forzadas algunas habitaciones del centro de la ciudad.

Un afectuoso saludo,

Nerea

P.D: Espero que estés bien.

Sophie Calle – Room 30, de la serie: The Hotel, 1981.

Turku, 21 agosto de 2017

Hola Nerea,

Lo impredecible es parte de la existencia, y más aún en el viaje. El atentado de La Rambla me sorprendió en Estocolmo. Estuve siguiendo las noticias a través del móvil, en contacto con parte de mi familia, que estaba a 100 metros escasos del desastre. La paradoja es que al día siguiente hubo otro atentado a 3.000 kilómetros, en Turku, donde ahora me encuentro. Ayer hice una foto del lugar, con centenares de velas de homenaje a las víctimas… La realidad es global, para lo bueno y lo peor, y la experiencia de la fotografía en viaje no se sustrae a ello.

Un abrazo,

Rafa

P.D: Aquí en Finlandia he tenido la oportunidad de entender mejor la fotografía de Pentti Sammallahti: no sólo los temas, sino lo pausado de su mirada.

Rafa Badía – Turku, 2017

Pentti Sammallahti – Signilska, Finland, 1974.

Palafrugell, 21 agosto de 2017

Hola Rafa,

Me alegro que estéis bien, qué hermoso estar rodeado de los paisajes que inspiraron a Sammallahti, a través de los cuales comprendió que las fotografías no se toman, se reciben. (“Me encontraba en una isla rocosa, cuando de repente comprendí que la piedra cerca de mí, el barco en la orilla, la nube navegando por el cielo y las caligrafías dibujadas por las aves migratorias me estaban diciendo algo … que no se toman las fotografías, se reciben.”)

Hoy habrá un eclipse solar total, desde aquí no se verá nada, tendría que volar a EE.UU. para verlo bien, así que me tendré que contentar (y con mucho gusto) con el espectáculo cosmológico captado entre 1980 y 2000 por Kikuji Kawada. Estas dos imágenes le deben no sólo a la realidad sino también a la tecnología, que permite explotar el potencial de la representación. Estas señales actúan como una suerte de señales extraterrestres,  no me parece casual que últimamente se promocionen tantas películas sobre viajes al espacio o sobre visitas extraterrestres a la tierra. Parece que cada vez estamos más cerca de esta posibilidad. ¿Nos estarán preparando para cuando llegue el momento?.

Un abrazo,

Nerea

Kikuji Kawada – de la serie: The Last Cosmology, 2015.

Barcelona, 23 agosto de 2017

Hola Nerea,

Sin duda, el paisaje finlandés ha ayudado a Pentti a reparar en que, efectivamente, las fotografías se reciben. Y yo me atrevería a afirmar que, además, deben merecerse. Para ello es imprescindible tener una mirada abierta en el viaje, y como comentamos hace unas cuantas misivas, no dejarse llevar por los prejuicios ni los estereotipos, aunque sólo sean visuales.

Me encanta que menciones a Kawada, y en concreto a su trabajo sobre los eclipses de fin de milenio. Yo recuerdo perfectamente el del verano de 1999, el último del siglo, que me sorprendió en Menorca, en una tarde muy calurosa en la que estaba haciendo cicloturismo. Dos o tres años más tarde conocí las fotos de este eclipse realizadas por Wolfgang Tillmans, que trabajaba en paralelo a Kawada. Lo bueno es que cuando vuelvo a ver las imágenes del alemán no puedo evitar transportarme una vez más a aquel viaje a la isla balear. Creo que aquí reside un buen trozo de la magia de la fotografía: las imágenes de otros fotógrafos, aunque no sean estrictamente viajeras, consiguen redirigirte a tu experiencia personal, a tus propios periplos.

A veces, ni siquiera es necesario que las fotos de otros muestren lugares donde se ha estado: las fotos de Hungría recogidas en “Self-portrait with cows going home” de Sylvia Plachy me reconectan con el alma de Praga o Cracovia, donde sí he estado. Con las fotos de la madre del actor Adrien Brody llego a sentir una nostalgia imposible por un lugar que todavía no han pisado mis zapatos.

Un abrazo,

Rafa

Wolfgang Tillmans – Total solar eclipse, 1999

Sylvia Plachy – Breakfast at Home Budapest, 1972.

Osaka, 28 agosto de 2017

Hola Rafa,

Casualmente el eclipse de 1999 a mí también me pilló de viaje; estaba en Balón, Galicia, en la casa de campo de mis abuelos. Pertenece a esos recuerdos especiales que tengo de viajes familiares (a mis diez años nunca había visto algo parecido). No tengo fotografías de ese momento pero guardo la imagen en mi mente como si fuera una fotografía, y por algún motivo no es en plano subjetivo sino que me veo desde afuera como si mi yo de ahora fuese la que encuadra a esa niña mirar el cielo a través de una lámina protectora. Pertenece al álbum de fotografías que viví pero nunca realicé, al estilo de las no-fotos de Michael David Murphy en su proyecto “Unphotographable”. No sólo porque no siempre se tiene una cámara encima (aunque hoy en día se lleve como una prótesis), sino porque a veces quieres disfrutar del momento sin que haya nada más que se interponga en la experiencia.

Un ejemplo particular de estos conceptos: no-fotografiar, la fotografía que se recibe y de fotografías ajenas de lugares que se ha estado o no necesariamente, son las que se han quedado por descubrir en Google Street View. Es asombroso la de momentos dispares, cómicos, absurdos, románticos, extraños, obscenos o aterradores que han quedado detenidos en ese buscador. Para Jacqui Kenny moverse por ese atlas fotográfico desde la seguridad de su hogar, sirve como una forma aséptica de viajar. De esta forma se pierde la experiencia del vivo y el directo, del poder atravesar y afectar con  la propia presencia el mundo (y en sentido inverso), pero es un buen antídoto para la agorafobia que Kenny padece. A través de estos viajes virtuales se da cuenta que a fuera puede que haya peligros pero también hay vida y mucha belleza.

Saludos desde el sol naciente,

Nerea

Jacqui Kenny – Google Street View Scene – Camels in Sharjah, United Arab Emirates, 2017.

Barcelona, 28 agosto de 2017

Hola Nerea,

Te respondo con esa sensación agridulce de quien, tras menos de una semana de vuelta a casa, su experiencia viajera (en mi caso, Escandinavia) se diluye en la cotidianidad, como el azucarillo en el café de la mañana. El revelado de los Raw del medio millar de imágenes que he tomado entre Estocolmo, Turku y Helsinki nos ayudarán a mí y a mi pareja a hacer un poco más digerible la vuelta a la rutina. Como podrás suponer, me provoca una sana envidia el saber que estás “en la carretera” y nada menos que en Japón donde, a buen seguro, estarás viviendo jornadas muy intensas.

Me atrevo a afirmar que existen tantos “Japón” como expectativas creadas por los interesados que nunca hemos estado allí. Sólo en el ámbito de la fotografía estoy seguro que hay preconfigurados un montón de “países del sol naciente” atendiendo a las preferencias estilísticas: habrá quienes construyen su imaginario nipón a partir de los retratos decimonónicos de samurais de Felice Beato, con un valor estético muy por encima de su escaso rigor antropológico. Estas imágenes intemporales, como insectos conservados en ámbar, quedan bien distantes del flujo imparable de la cotidianidad postnuclear, en poroso y muy contrastado blanco y negro, de Ikko Narahara o de Daido Moriyama, que fascina a muchos fotógrafos actuales. También habrá amantes de la fotografía que la mención de la palabra “Tokio” casi  siempre se asocia directamente al erotismo directo (o si lo prefieres, pornografía con pinceladas sentimentales) de Araki…No faltará quien construye su país imaginario con las fotos de los viajeros anónimos en el metro del “Tokyo Compression” MIchael Wolf, autor del que ya hablaste en tu primera misiva, si no recuerdo mal.

Yo me quedo, lo reconozco, con la mirada externa de dos fotógrafos humanistas occidentales que, fascinados pero respetuosos con una cultura casi en las antípodas de la anglosajona, registraron con su cámara un país fascinante a pesar de tratarse de una nación en ruinas tras la guerra. Me estoy refiriendo a Horace Bristol y, sobre todo, a Werner Bischof. Sé que es una ingenuidad similar a intentar entender la España actual a través de las imágenes viajeras de Inge Morath realizadas en los años 50. O tal vez no, ¿quién sabe?.

Un abrazo,

Rafa

Werner Bischof – In The Court of the Meiji Temple, Tokyo, Japan, 1952.

Takayama, 31 agosto del 2017

Hola Rafa,

Hay un término que has utilizado que me parece especialmente relevante tanto en la fotografía como en cualquier manifestación creativa. Y es el de la honestidad. Como dato curioso, la fotografía cuando llegó a Japón (nueve años después de que fuera descubierta en Francia) no se la nombró como el acto de escribir con luz, como sí hicieron los occidentales (foto:luz, grafía: escritura), sino “shashin” que quiere decir reflejo o reproducción de la verdad (sha: reflejo, shin: verdad). Sin embargo, la fotografía que los locales tomaron no responde tanto a una voluntad de acercarse a una verdad objetiva, -la inexistencia de La Verdad está más que demostrada y asumida- sino más bien a su propia pulsión fotográfica, que en muchos casos entra en diálogo con sus predecesores.

Reconozco que antes de llegar a Japón estuve buceando bastante por la fotografía japonesa, mi acervo visual estaba lleno de imágenes variopintas como las que citas. Casi sentía que ya había estado en Japón sin haber cogido ningún avión. Una vez físicamente aquí todo ha sido distinto, como no podía ser de otro modo. No sé si una mirada externa puede retratar con más precisión la esencia de un lugar que un propio nativo, pero sí intuyo que el desplazarte a otro país, conocer una cultura, aunque sea desde la apariencia, hace que regreses a tu país con otros ojos con qué mirarlo. Damos por visto con mucha facilidad aquello a lo que nos acostumbramos. Viajar nos permite, me lanzo a decir, que nuestro horizonte de mira se amplíe, es decir, descubres (recuerdas) que hay un abanico de posibilidades de cómo llevar esto del vivir. Mientras que la fotografía, podría ser, el intento de sintetizar un atisbo de esa experiencia, de hacer de nuevo, familiar lo extraño.

¿Cómo le debió de cambiar la mirada, a por ejemplo, Gentaro Ishizuka después de en su viaje a Alaska ver tal esplendor?

Hasta siempre,

Nerea

Gentaro Ishizuka – Pipeline Alaska, 2003-2006

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Nerea Arrojería

Resido en Barcelona, mi trabajo se centra principalmente en la investigación en fotografía así como en la investigación como creación artística: conferencias performativas y proyectos en los que arte, ciencia y tecnología se unen. Escribo cosas en formato ensayo o prosa-poética que luego llevo a la pantalla o la performatividad del escenario. Investigo así como invento.