Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Muchos animales cuentan con sofisticadas maneras de enfrentar el reto del cortejo, los humanos no contamos con espectaculares plumajes o cuernos implacables para enfrentar al rival en el camino a la reproducción. Nuestra herramienta de cortejo es nuestro intelecto, nuestro plumaje es todo aquello que usamos para decorar nuestro cuerpo. La seducción del otro es uno de los grandes movilizadores, se vive para atraer, sea una pareja, amigos, trabajo, y para conseguirlo construimos ficciones maravillosas. Ahora basta con pensar en las redes sociales, quizá nuestra ficción última, pero en esencia todo comienza con el cuerpo, nuestro cuerpo es parte vital de nuestra convivencia como seres sociales porque en él podemos portar mucho de lo que somos. Parte de esa necesaria convivencia se alimenta de nuestra presencia dentro de comunidades, así nos agrupamos con otros seres humanos con quienes nos identificamos, lo que tenemos en común es lo que nos une.

Catherine Opie es una fotógrafa Estadounidense, interesada de manera especial en las comunidades, la manera como se forman y la manera como son vistas desde fuera. El sentido de una comunidad es la identidad compartida, aunque sería interesante considerar si existen comunidades que se agrupan ante la necesidad de pertenecer, quizá la identidad negada sea más fuerte que la compartida. Tal vez, quienes aparecen en los retratos de Opie a comienzos de los 90 no son personas que se congregaron de manera natural, porque si lo pensamos bien, la inclinación sexual sola no basta para crear una comunidad fuerte, sería muy difícil agrupar a todos los hombres heterosexuales de una ciudad y conformar con ellos una comunidad unida y fácil de delimitar. Es aquí donde aparece la necesidad de elegir un elemento más que agrupe y a la vez diferencie a una agrupación de la otra.

Entonces, pensando en los retratos, lo que une a estas personas es su inclinación sexual ‘no convencional’ y seguramente exista algo más, quizá sea lo negado, en los 90s tras la terrible crisis del SIDA ser homosexual no era sencillo, era ‘no convencional’ y hay que reconocer una tara bastante insistente que se repite en la historia humana, el miedo y rechazo a lo que no se reconoce como ‘normal’.

Papa Bear, 1991, de la serie ‘Being and Having’*

El cuerpo es la tarjeta de  identificación en los retratos de Opie. Su serie ‘Being and Having’ explora dos palabras conflictivas: ‘Dyke’ y ‘Butch’. Dyke es una palabra sinónima a lesbiana pero que carga atribuciones negativas y era un insulto bastante común en los 80’s. Butch por otro lado es una palabra para describir a mujeres masculinas, y al igual que Dyke, se usa de manera despectiva. Opie nos presenta retratos de Butch Dykes (lesbianas machorras), los rostros aparecen muy cerca al espectador, los bigotes son evidentemente falsos, el artificio hace parte vital del retrato, ni ellas como modelos ni nosotros como espectadores podemos negar que todo hacer parte de una elección, al igual que los apodos que acompañan a cada sujeto, todo apunta a un acercamiento a lo masculino, aunque en este caso parece que se trata de un teatro donde todos somos espectadores, lo que se dramatiza es la identidad y el juego se entabla con el cuerpo y su alteración.

Jake, 1991, de la serie ‘Being and Having’

Lo que tienen de transparente los retratos de ‘Being and Having’ se difumina en los retratos realizados por Opie de 1993 a 1997, aquí los sujetos se muestran con mayor detalle y en muchos casos el juego no es de dramatización, lo que se busca es entrar en un espacio intersticial donde es difícil identificar el género, y esto sí que era crucial para los espectadores que Opie encontraba, muchos le preguntaban si el retratado en tal retrato era hombre o mujer. Sucede que las predisposiciones y el rechazo a lo ‘no convencional’ limita las interacciones humanas, de hecho, según la idea patriarcal que domina la mentalidad de muchas personas, un hombre heterosexual no debería encontrar atractivo a otro hombre, sin importar si su cuerpo aparece femenino.

Opie nos seduce con la parte formal de los retratos que hace con su retratista favorito en mente, Hans Holbein, ella quiere que sus fotografías emulen esos imponentes retratos clásicos, utiliza fondos de colores vibrantes y pone todos sus conocimientos como fotógrafa al servicio de sus sujetos, los dueños absolutos de la imagen y a su vez de la mirada del espectador.

Angela Scheirl, 1993
Justin Bond, 1993

La fotógrafa menciona entre sus motivaciones a su extrema curiosidad y a una fuerte necesidad humana de encontrarse en las exploraciones que hace de las comunidades que la rodean. Unos de sus objetivos es ir más allá de los estereotipos. Con su serie fotografías de jugadores de football americano hace precisamente eso.

Los hombres retratados aunque son fácilmente identificados como practicantes de un deporte gracias a sus indumentarias, nunca están en acción, ese reposo los hace vulnerables y a la vez cuestiona la idea de la imagen icónica, porque ¿qué tan icónica puede ser una imagen sobre football americano en la que no hay acción de ningún tipo? Y ¿qué hay de la hipermasculinidad relacionada con este deporte si los jugadores aparecen pasivos y no demuestran ninguna de las proezas vinculadas al deporte?.

Tyler S., 2008

Recorriendo la trayectoria de Catherine Opie hay tres fotografías que cobran bastante protagonismo, se trata de tres autorretratos, cada uno portador de una parte de su identidad. El primero es Selfportrait Cutting donde Opie muestra su espalda en la que con cortes se ha hecho un dibujo, se ve una escena doméstica simple que parece imaginada por un niño, la casa y la familia, claro que aquí la clave es que la familia son dos mujeres, eso es fácil de leer porque las figuras son representaciones convencionales de lo femenino.

El segundo retrato es Selfportrait Pervert en el que Opie oculta su rostro bajo una máscara pero expone parte de su identidad sexual y se identifica como parte de una comunidad, en este caso la comunidad S&M (sadomasoquista), lo curioso es que podría hacerlo sin necesidad de incluir la palabra Pervert (pervertido). En el cuerpo se pueden escribir cientos de mensajes, la decoración del cuerpo es parte de lo que se dice, Opie elige llevarlo a lo literal y escribir una palabra en su pecho, ‘Pervert’, pero lo que queda en suspenso es quién puso esa palabra allí, bien puede ser que ella se considere pervertida, pero más bien parece que nos desafía a reconocer lo que pensamos de ella.

Self-Portrait / Cutting, 1993
Self-Portrait / Pervert, 1993

El tercer retrato es Selfportrait Nursing, y en este al fin vemos el rostro de la fotógrafa, aquí ella amamanta a su hijo Oliver, con este gesto se identifica como madre, pero a la vez sigue separándose de la idea convencional, no vemos la imagen a la que estamos acostumbrados, la Madonna bella que se identifica como madre sin tener que enseñarnos su cuerpo. Aquí vemos a una mujer que desafía las convenciones de lo que es ser mujer pero se muestra en un papel inequívocamente femenino, el de madre.

La unión de estos tres retratos es la construcción de identidad de Opie, su reconocimiento como mujer, como madre, como lesbiana, como ser sexual. Ella se pregunta qué dibujaría su hijo Oliver cuando comience a hacer garabatos en papel, quizá el retrato inmediato de familia no sea el convencional pero no por eso sea menos válido.

Self-Portrait / Nursing, 2004

Catherine Opie es una fotógrafa desafiante, pero en una trayectoria que podría ser caracterizada de muchas maneras, lo que se eleva por encima de todo lo demás es una idea de igualdad, para ella somos iguales como seres humanos, como seres sociales, como seres emocionales y su creencia es tan sincera que elige expresarlo de manera muy poética, nos dice que incluso sus horizontes son todos iguales, todos deben ser iguales, en esencia ese es el sentimiento que nos queda.

Untitled #8, 2011
Untitled #12, 2011
*Todas las fotografías incluidas en el texto son de autoría de Catherine Opie.
Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
Sara Mejía

Nací y vivo en Medellín, soy fotógrafa, eso se supone porque dediqué tres años de mi vida a estudiar fotografía en la ciudad de Barcelona. Ahora busco más pensar en fotografía que hacerla, aunque mi cámara siempre fiel me acompaña a todas partes, es mi diario personal, como lo son los textos que escribo sobre arte porque al final es el arte el que gobierna mi vida, la música es mi vicio más irremediable y me gusta dormir con un libro de Félix González-Torres en brazos, el arte es mi más querido compañero.